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La (in)coherencia identitaria

Sens Public · Vigo County, IN · 2 mo ago
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Introducción

La película Nelly (Émond 2017) dividió a la crítica al explorar la identidad fragmentada de Nelly Arcan, reflejando una tensión entre coherencia y multiplicidad. Arcan aparece escindida en cuatro personalidades en la película, un recurso que ya había utilizado en la obra teatral La fureur de ce que je pense (2013), donde siete actrices la representaban. Este artículo analiza la construcción de una identidad discursiva en su primera novela, Putain, comparándola con la obra de Kathy Acker, cuya escritura también cuestiona la identidad a través de la fragmentación y la apropiación textual.

De Nelly Arcan a Kathy Acker

Arcan y Acker comparten obsesiones temáticas: la identidad como plastilina, la omnipresencia del discurso, y un cuerpo sexualizado e irreductible. En Putain, la narradora repite: «esa puta puede que sea yo, pero también puede que no sea yo, puede que sea otra» (Arcan 2001, 45). Acker, por su parte, emplea la técnica del cut-up para entretejer fragmentos de otros textos, periódicos y relatos externos. Ambas autoras desestabilizan la identidad narrativa, creando un desequilibrio entre la ipseidad (el yo reflexivo) y la mismidad (el yo perdurado en el tiempo), como señala Paul Ricœur en Sí mismo como otro (1990).

La identidad según Kathy Acker

Acker, figura punk del Nueva York underground, construye una identidad inestable y queer a través de su obra. Su estilo se basa en la apropiación y deformación de textos canónicos, como en Aborto en la escuela, donde mezcla fragmentos de La letra escarlata de Hawthorne, o en In memoriam to Identity, donde fusiona la vida de Faulkner y Rimbaud. Para Acker, «el yo es el texto» (Acker 1991), y su escritura desafía las ontologías identitarias y genéricas. Judith Butler, en El género en disputa (1990), argumenta que el género es un constructo discursivo, no una esencia natural, idea que Acker lleva al extremo al desestabilizar tanto el texto como el cuerpo.

Butler señala que la psique resiste la normalización discursiva (Butler 1997), un conflicto que Arcan explora en Putain, donde la narradora se diluye en los discursos sobre la feminidad: «no se hace alusión a mí, ni siquiera a mi raja, sino a la idea que se tiene de lo que es una mujer» (Arcan 2001, 45). Mientras Acker presenta personajes vacíos o de género fluctuante (como en Don Quijote que fue un sueño), Arcan expone la prisión de una identidad coherente impuesta por el discurso.

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